sábado, 26 de julio de 2008

La Teresa. Epílogo. Conversaciones con una guitarra.

Comencé a escribir las Crónicas Teresianas entre diciembre de 2007 y enero de 2008. En aquella primera crónica adelantaba la feliz noticia de que Johnny había decidido regalarme a La Teresa, hecho que motivó que escribiera sobre ella, aprovechando la ocasión para agradecer públicamente a Johnny aquel gesto. Lo que en principio iba a ser uno o dos artículos sobre el asunto se convirtió en la excusa perfecta para contar algunos detalles de mi experiencia musical y humana durante los años que tuve a La Teresa como mi arma de trabajo. Sin duda alguna hay muchas otras historias más de aquellos años relacionadas también con el grupo, pero no quería que fuese esto una biografía informal de Los Del Paso porque considero que ahí hay mucho tema para ir soltando en otras ocasiones. No quería agotarlo. De cualquier manera, con el hilo conductor de La Teresa fueron saliendo a flote algunas micro-historias que quizá incluso los más allegados al grupo o a mi persona desconocíais. Las conté por diferentes razones. Revisitar aquellas escenas era para mí un ejercicio reconfortante y me servía para poner orden a vivencias que corrían el peligro de solaparse, amontonarse o incluso desaparecer. En segundo lugar, algo en mi interior me decía que debía dejar esto por escrito, como tardío homenaje a todos los protagonistas de la historia, aunque yo ya hubiese publicado un artículo en un libro sobre Alguazas sobre el asunto, ya que así me lo pidieron y porque consideré que era una manera de que quedara constancia para generaciones posteriores de que un día existimos e hicimos aquello. Por supuesto, creo, como le he dicho a Johnny en otras ocasiones, que para aportar muchos más datos deberíamos hacer una recogida de datos entre todos, pues seguro que a mi se me escapan cosas que otros retienen en su memoria. Y finalmente, os relaté estas aventuras por el simple hecho de que pudierais pasar un buen rato leyéndolas, pudierais entender mejor ciertas actitudes, o por el mero hecho de que pudierais obtener más información sobre algo que os era familiar. Espero poder haber cumplido algunos de esos objetivos. Os aseguro que yo he disfrutado muchísimo y desde aquí os agradezco los comentarios, escritos o hablados, animándome a seguir escribiendo.

Hoy, casi ocho meses después de comenzar, doy por cerrado estas crónicas. Justo cuando se cumplen veinte años de que La Teresa entrara en mi vida por primera vez. Fue un verano del año 1988. Tenía veinte años y estaba más seco que un macarrón. Ahora voy a tener cuarenta y vuelve a estar a mi lado. El macarrón sigue siendo el mismo pero tras haber pasado una cocción de 20 años alguna diferencia ha de notarse. Se nota. A Teresa también se le nota el paso del tiempo, pero mucho menos. Se nota que ha estado muy bien cuidada...
...por favor, Aurelio, suave, por favor, suave. No me estires tanto las cuerdas que ya no aguanto tanto. No te preocupes, mis dedos tampoco son tan fuertes ahora. La dejo suavemente sobre su atril. Tenemos muchas cosas que contarnos. ¿Quién es la rubia esa?, me pregunta señalando a Tele(caster). La pobre no debió enterarse de nada. Pobrecilla. Una americana, le digo. La pobre tiene el alma rota y hace lo que puede. La acogí en mi casa por compasión. Le miento. No quiero contarle que la adquirí flamantemente nueva y que fue su sustituta durante unos cuantos años. ¡Ah…!, pobrecilla, ¿no?. Sí, se le resbalo a un amigo en un escenario y se le partió la columna. Fue una operación muy delicada, ¿sabes? Al final pudieron recuperarla, pero nunca volvió a ser la misma. Hace tiempo que ya no habla ni dice nada. Está como dormida. A Teresa se le empañan los ojos. Mira hacia el suelo. Debe estar recordando algo. ¿Qué hiciste durante todos estos años?, me pregunta cabizbaja. Muchas cosas, pero básicamente aprendí a sobrevivir. Este mundo está ahora lleno de ambiciosos y horteras de mal gusto, ¿sabes? Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Ya no hay sensibilidad ni buen gusto. Nadie lee nada que no sean grandes best-sellers ni escucha buena música. Ahora triunfan las teleseries, la música enlatada y promocionada, programas de formación de mamarrachos que quieren ser artistas y encima televisados, ya nadie se preocupa por lo que es verdaderamente bueno y auténtico. Es duro sobrevivir a esto, en cuanto te sales de esa corriente te conviertes en un maldito, en un raro, en un proscrito o como quieras llamarle. No hay sitio para los no standard. Al menos aquí en Murcia, o en el sur. Y es muy difícil, te lo aseguro, no caer en toda esa vorágine. Ya nadie aprecia la sencillez de las cosas, de los momentos. Todo el mundo quiere convertirse en sus nuevos ídolos; gente que triunfa en los negocios, la mayoría a base de engaños, o gente que no hace nada pero ocupa las portadas de todas las revistas. Gente con éxito y de mal gusto. Muchos de los nuestros sucumbieron, por pura necesidad o porque simplemente descubrieron que lo que les iba era precisamente eso, y lo anterior eran solo efluvios juveniles. Otros siguen en el camino. ¿Muchos?, me pregunta. No, no muchos, pero buenos. Ya no hay nada que merezca la pena, ¿verdad?. Bueno, tampoco es eso, le digo. Hay algunas cosas, hay gente… pero todo es muy distinto a antes. No es solo que seamos algo más viejos, y veamos las cosas de manera diferente, es que esto también ha cambiado mucho. Te entiendo, me dice. Yo casi me olvido de ti, de todos y de todo, me dice mientras levanta la cabeza para mirarme a los ojos. Nunca soporté el silencio… pero ahora casi me gusta, o tal vez me he acostumbrado a él. Nací para sonar, para la música, pero a todo se acostumbra una. Es triste, ¿verdad?. Afirmo con la mirada. Hay cosas que nunca deberían cambiar, le digo. Somos un cambio permanente, pero hay cosas…Que deben permanecer, me interrumpe. No hay orden sin caos, afirma sentenciosamente. Eso, eso… siempre lo he dicho pero no siempre me han entendido. Debe haber grandes cambios para establecer un orden; o para reestablecer el orden perdido; hay cambio, caos, pero algo siempre permanece. ¿El espíritu?, pregunto. O el alma, me dice, the soul. Oh, yeah!... Oh yeah! Un cantante americano dijo al respecto que una vez que se pierde la inocencia de los primeros años hay que esforzarse por mantener el espíritu. Creo que fue Bruce Springsteen, dice. De eso exactamente se trata, contesto. Hace años escribí una canción que hablaba de la perdida de la inocencia y la llegada de la inteligencia…Estado de Inocencia se llamaba. ¿Y qué ocurría en tú canción tras esa perdida y llegada?, pregunta Teresa. Que en la mayoría de los casos, contesto, aparece la corrupción del espíritu; la inteligencia se mal utiliza y en vez de usarse para mantener el espíritu de los años más puros se malgasta en ambiciones que no hacen sino corromper el alma. Justo como dijo aquel cantante, corrobora Teresa. De eso se trata, amiga. La gente, por lo general, abandona sus ideales, su forma de interpretar la vida y comienza a imitar los falsos estereotipos que las sociedades del consumo quieren mostrarte. Todos quieren vivir como éste o aquella, máquinas de hacer dinero y de amontonar bienes, le explico. Y se olvidan de la inocencia del espíritu, the soul, me dice …Oh yeah! Oh, yeah!, le contesto. Qué pena, entonces, ¿no? Sí, nadie se preocupa por mantener el espíritu, una pena… Silencio. Me cambiaste por ella, ¿verdad?, Teresa desvía momentáneamente la conversación cogiéndome totalmente desprevenido. ¿A qué te refieres?, le pregunto. Ella, la rubia americana. No la acogiste porque estaba enferma, me cambiaste por ella y seguiste tocando, afirma. Bueno…sí y no. Está algo tocada, es verdad que sufrió ese accidente y que después se recuperó. Y bueno, no la acogí por compasión; estuvo conmigo desde el principio, desde antes del accidente… Y sí, , te cambié por ella, no pudo ser de otra manera; no pude elegir, me hubiera gustado conservarte a mi lado…Pero tuvo que ser así, me interrumpe. No te preocupes, ahora lo entiendo todo. Hasta hoy mismo creía que solo era un sueño. Dormí durante mucho tiempo; a veces me despertaban y volvía a dormir durante otro largo periodo de tiempo. Así fue durante todos estos años. Y soñé, soñé mucho. Soñé con todo lo que cuentas, pero ahora descubro que realmente estaba sucediendo. No pienses que estoy decepcionada. Todo lo contrario. Fuisteis un grupo muy coherente y solidario. Os felicito por conservar esos valores. Y al final, llegó el cambio, ¿te das cuenta?. Sí, contesto. Pero fue un cambio para continuar, le digo. La música no dejó de sonar. Sonó diferente. No fue un cambio terminal; quiero decir que no te cambié por un ordenador o una videoconsola; cambié para continuar con el espíritu. Exactamente, me dice. No hay orden sin caos. Me gusta mucho eso, comenta al tiempo que relaja sus cuerdas dejando un apagado LA mayor flotando en el aire. A mí también… Dime, Teresa, ¿sueñan también las guitarras con ovejas eléctricas?. No, no, sonríe con un brillante y relajado RE mayor. Eso ocurría con los androides en aquel libro de Philip Dick, responde. Ya, ya, le digo, lo preguntaba por eso. Soñamos con el calor humano, el tacto de unos dedos llenos de vida, de sangre y de nervios, con su sudor tibio y salado deslizándose por las cuerdas y filtrándose después en nuestros circuitos. Con eso soñamos. Ya veo, le digo. Debí imaginármelo… ¿Teresa? Dime. ¿Sabes que cuando te cambié decidí quedarme con la llave que abría y cerraba tu maleta? ¿La tenías tú, entonces? Sí, quise conservar algo de ti conmigo. Siempre la he llevado en todos los llaveros que he tenido desde entonces, junto a las otras llaves. Eso está bien, me dice. No creo en ese tipo de cosas pero quizá la conservé porque tenías que volver otra vez… ¿Otro cambio?, pregunta. Sí, para reestablecer el orden. El espíritu, the soul… oh, yeah!... oh, yeah! … ¿Estás cansada? ¿Quieres dormir? No, no… al contrario, necesito estirar las cuerdas un poco, me siento como entumecida, necesito algo de movimiento… ¿Un cambio? Te pillé... Sí, sí…, da una carcajada abierta con un MI mayor que ensordece por momentos el ambiente. Tenemos que buscar el orden pronto por lo que hay que provocar un poco de caos…¿No está mal, verdad? Que va, es justo lo que necesitamos… Te dejo a solas, entonces, ¿vale? De acuerdo, hasta pronto, me dice. Hasta pronto… Desde el pasillo se oyen a malas penas unos primeros acordes de guitarra. Es ella. No logro adivinar cuáles son. Presto más atención… Re, Do, Sol, Re, Do, Sol…en forma de arpegios… me es familiar… ya está… es una de mis primeras canciones que compuse con ella. Me alegra que haya escogido una de nuestras canciones para ejercitarse… pero, ¿por qué esa? ¿Será por la música o por la letra? Ya lo sé. Gracias, Teresa… Tarareo la canción mientras enciendo un cigarro… Pequeño Martin mira desde su balcón, sentado al sol en el pozo sin luz. Trenes rojos y trenes blancos, y una vida que contar se esconden bien. Se esconden muy bien, pozo sin luz, negro ataúd. Fueron buenos tiempos para la revolución, tú pensabas igual que yo. Y ahora listos para saltar, se acerca el final, en el pozo sin luz, no crecimos bien. No crecimos bien, no crecimos muy bien, pozo sin luz, negro ataúd…Ahora Teresa mantiene sin cambiar la nota de entrada a la estrofa. Pero no hay más estrofa. Nunca pude terminarla, y siempre la canté inacabada. Volvía a repetir las primeras estrofas porque no tenía otra cosa. Pero ahora creo que quiere que la acabe… el arpegio en Re mayor se hace interminable, invitándome a entrar… Quiere que lo haga… Siempre quise que la letra de esta canción fuese cíclica, que acabara casi como empezaba…pero nunca logré acabarla… me enganchaba con otra nueva canción y a esta siempre la iba dejando para otro momento…desde el principio de los tiempos…y eso que era de mis favoritas, simple pero muy emotiva… lo intentaré ahora… vamos ahí…Pequeño Martin dice adios desde su balcón, sentado al sol en el pozo sin luz. Ya no hay trenes rojos ni trenes blancos ni nada que nos haga sentirnos bien. Sentirnos bien, pozo sin luz, negro ataúd…Ahí queda eso… Quizá un poco forzado al final, no sé, pero la terminé, por fin, veinte años después… Ya hemos empezado a reestablecer el orden. Veinte años después…Gracias, Teresa.


Para los que seguís creyendo.

El pozo del sordo, frente a la estación, fue ocupado por una promoción de duplex, como todo en este estúpido sur. Eso ocurrió años después de aquella canción. Su entrañable oquedad, que tantos misterios nos guardaba de críos, se rellenó de ladrillo y hormigón; aquí todo se soluciona así, con ladrillo y hormigón, mientras los bancos se frotan las manos. Ahora menos, ahora van a por nosotros, los de a píe y cantando. Ahora nos necesitan. No me van a tener.

Yo sigo creyendo y el pozo sigue allí.








Gracias por vuestra atención. Hasta la próxima, amigos.















En el Urbano de Paco, con La Teresa y Los Del Paso. Entre finales de los 80 y principios de los 90



La Teresa. Capítulo 6. El día T.

Esto ya llega a su fin y terminaré como empecé. El día que Johnny me trajo a casa a La Teresa. Quisimos que no quedara todo en una simple entrega, así que organicé una comida en mi casa con los que fueron custodios de La Teresa durante muchos años -Johnny, Pascual y Mingo-junto con Maricarmen y Victoria. Fue un acto muy emotivo en el que intercambiamos abrazos, sonrisas y regalos. Evidentemente La Teresa era el centro de atención y el motivo que nos había llevado hasta allí, pero casualmente me di cuenta unos días antes de que el año que estaba apunto de comenzar - 2008 - se cumpliría el XX aniversario de Los Del Paso, así que preparé unos cds conmemorativos con música que influyó al grupo para regalárselo a los chicos. Pascual me obsequió con una estupenda recopilación de Blue Mountain y aportó un delicioso vino italiano para nuestra, como no podría ser de otra manera, comida siciliana... la familia! Además de regalarme a La Teresa, Johnny trajo unas entrañables y frías litronas de Estrella De Levante que, como es tradicional en nuestras reuniones familiares, estrelló contra el portal de entrada a mi casa antes de que pudiéramos probar su buqué. Nos gusta ser fieles a las tradiciones ... capisci? Sin duda alguna una de las sorpresas más divertidas fue el regalo que le hice a Victoria. No podía creer lo que estaba viendo: un antiguo y pequeño libro con una selección de poemas de Edgar Allan Poe que su hermana Raquel debió prestarme allá por el año 88 u 89 y que Victoria me recordaba constantemente que se lo devolviera hasta que la pobre se cansó allá por el año 96 ó 97. No sabía si llorar, matarme o descojonarse. Muy inteligentemente optó por lo último, que es más sano. Claudia, la mayor de las retoñas de Victoria y Pascual, quiso regalarme un bonito dibujo que ahora veréis, a pesar de que, en un principio, no asistió. Fue un día muy divertido en el que comimos, cenamos, bebimos, cantamos, bebimos, tocamos la guitarra, bebimos... y recordamos, como suele pasar, muchas divertidas anécdotas. A la reunión se unieron por la tarde también Jose, Juan Carlos, Jose y su retoña dándole al encuentro una perspectiva todavía más familiar y descojonante. Y como se alargó tanto la cosa, siempre suele pasar, Victoria tuvo que traerse a sus pequeñas Erika y Claudia. En fin, no os cuento más. Prefiero que vayáis viendo las imágenes con sus comentarios y que disfrutéis un rato. Arrivederci, signori e signore.

Esperando a la familia... y a La Teresa, también de la familia.




Johnny haciendo entrega de La Teresa a Aurelio.

Se resistía a soltarla. Tuve que dar un buen tirón.




Por fín juntos, cariño.



No me lo puedo creer... el libro de Allan Poe, después de veinte años.
Lo mejor de todo es que no me ha dado tiempo a terminar de leerlo, Victoria.


Mingo y Pascual abriendo su regalo.



Johnny haciendo lo mismo.


Este bonito dibujo lo hizo Claudia para Aurelio. Gracias, guapetona.


La familia sempre è una cosa sacra, ricordarlo sempre. Mingo, una birra, per favore. E tu, Pascuale, mangiare più. Sempre fumando... Tu, Aurelio, prestare attenzione!


Los Del Paso casi al completo con Jose tocando (se?) el huevo.



Este huevo está desafinaó... ¿En qué nota estás, Johnny? NO LO SÉÉÉÉÉÉ!!



Juan Carlos también se unió a la fiesta.... Joder, pa mi que SOL era por aquí.


Jose y Maricarmen.


Chavela Vargas no quiso perderse este emotivo encuentro y estuvo con nosotros.


Por favor, que no pasen veinte años para el próximo encuentro.


Hasta pronto, familia.






jueves, 24 de julio de 2008

La Teresa. Capítulo 5. Parte II. De sus aventuras y desventuras. De su despedida.

Fue Madrid el lugar donde más lejos viajó La Teresa, y en dos ocasiones, como habéis podido comprobar. Aquello fue verdaderamente importante para unos chavales de 22 años, que sin experiencia previa en eventos de ese tipo se plantaron sin complejos en la capital. Cada lugar tiene su particularidad, obviamente, y ejerce en ti una particular influencia, irrepetible e incomparable a ninguna otra y a la de cualquier otra persona. Y aunque podéis imaginar que la huella dejada por Madrid fue importante, hubo otros muchos lugares que también dejaron su impronta mientras Teresa me acompañaba. No necesariamente fueron estos lugares celebrados por la importancia del acontecimiento, en la mayoría solo se trataba de un bolo más, sino por otros detalles que convirtieron el lugar en algo más. A veces fue la gente, otras la ausencia de la misma, las anécdotas graciosas, las no tan graciosas, un camarero, una camarera, la chica morena a la que nunca nadie se atrevió a decir nada -como siempre, y vuelta a casa cargado y con los deberes sin hacer, ya me lo decía un amigo del gremio, Aurelio, los rockeros no f****n,- como tan varonilmente llamábamos a cualquier tipo de contacto con el sexo opuesto, independientemente de la profundidad del mismo- o al menos los de esta división…, nosotros siempre acabamos borrachos de lo raros y tímidos que somos… y luego a recoger todo esto mientras ves al pavo sumergido en colonia cómo se lleva a la pavita…déjate la guitarra, viste con politos de colores tiernos, pantaloncitos chinos y náuticos, di que estudias derecho o económicas, invéntate una familia próspera y socialmente aceptada, por supuesto tienes casita en la playa y tienes tu peña de la playa, todos con politos y náuticos, claro, di que te gusta la música funk, bailonga y facilota y como música española La Unión, Miguel Bosé u Hombres G… verás lo que es f****r, te van a comer. Podrías ser así, seguir el instinto de supervivencia para saciar tu sed, o, por otro lado, mantener tu propia personalidad y aguantar que te llamaran raro, y esperar…esperar a que llegara, porque lo que buscabas no abundaba, todo era como describía líneas arriba, pero algún día habría de llegar alguien que pusiera sus ojos sobre lo que realmente eres y no sobre lo que deberíasserporqueamimegustaasí… y mientras tanto, siempre me quedaría Teresa.

Tras lo de Madrid y unas muy buenas críticas de nuestras demos (antiguas maquetas) en la prestigiosa revista Ruta 66 , el número de conciertos aumentó considerablemente. Tanto que llegó el día en que las arcas del grupo empezaban a rebosar – funcionábamos como una buena empresa cooperativa, con nuestro fondo de capital social y con nuestros anticipos laborales después de cada concierto. Aquella cuenta bancaria, que tan bien gestionaba José Antonio Serafín, donde depositábamos ese dinero previsor para futuros gastos de mantenimiento y promoción de la banda, ofrecía ya unos números altos y el grupo se planteó la renovación del material. Pascual pudo cambiar finalmente aquella primera batería comprada a unos heavies de Molina y comprar una nueva y a su gusto. En el caso de Jose Antonio, no lo tengo muy claro, pero creo que previamente se había comprado su Stratocaster. Johnny vendió su bajo que recordaba a la popular SG de gibson y adquirió un jazz-bass de Fender de segunda mano con un largísimo mástil que a todos nos impresionó, pues el del anterior era mucho más corto. Ya nadie volvería a hacer bromas con el corto mástil de Johnny. En cuanto a mí respecta, me ofrecieron la posibilidad de comprar la guitarra que siempre había querido tener: una Fender Telecaster americana. Así que durante unas semanas tuve entre mis manos una flamante y auténtica Tele, incluso en madera vista, como más me gustaba. No obstante había un pero. La Tele que tenía era un modelo desarrollado de la clásica y sencilla Telecaster, con este nuevo modelo había más posibilidades de sonidos y era mucho más precisa que la de toda la vida. Desde el principio mostré mis dudas sobre si realmente quería ese nuevo modelo, pero como me sentía tan agraciado con ese pedazo de pepino de guitarra acepté la compra y me la quedé. Pero conociéndome, esto no iba a acabar así. A todo el mundo iba con la misma historieta…

…es una telecaster, si, como siempre he querido, pero ésta es más evolucionada…qué guapa, no?... y joder, cómo suena, qué cañón…si, si, si suena de la hostia, pero no sé, toda la vida imaginándome con el otro modelo colgado que ahora…pues es muy bonita también, no? madera, como tú querías…no, si eso sí es verdad, pero no sé… mira lo que te digo, tu no querías una telecaster americana clásica y de madera? Pues no le des más vueltas y devuélvela hoy mismo y pides la otra… vale,vale, eso haré…dios, qué cruz…


Finalmente tuve mi soñada Telecaster clásica americana de madera, totalmente nueva, a estrenar. Todo el mundo tenía ojos para ella, la recién llegada, un modelo icono dentro del R&R (Pretenders, Joe Strummer –the clash-, Bruce Springsteen, …) Y La Teresa?

...Bueno tenemos que decirte, Aurelio, que como tu has comprado instrumento nuevo deberías venderla para compensar a los que lo han adquirido de segunda mano, como ha hecho Pascual, pero hemos pensado que no hay por qué venderla, simplemente se la das a Johnny en compensación, porque el prefiere la guitarra al dinero que saques con ella.

Dura pero sabia decisión fue aquella. Tuve que desprenderme de ella, aceptando estoicamente las normas de nuestra estricta y trostkista cooperativa; triste al saber que ya no estaría conmigo alguien por quien tanto tuve que esforzarme y con quien tanto aprendí, mas aliviado al pensar que estaría cerca y en manos amigas. Mientras me despedía de ella recordé aquellos primeros años… su llegada en el camión de Yoplait, su olor al abrir la maleta la primera vez, mi imagen con ella en aquel espejo, las reacciones de la familia, el enfado de mi padre, la casa de Campoy, el ensayo de Serafín, Madrid, El Urbano, Mula, El Kiang, Moratalla, El Casinillo… La metí en su maleta y la llevé al ensayo. Desde ese momento ya pertenecería a Johnny. Podía considerarme un afortunado. Good-bye, Teresa.

viernes, 11 de julio de 2008

La Teresa. Capítulo 5. Parte I. De sus aventuras y desventuras. De su despedida.

Seré breve, en la medida de lo posible, pues es éste un capitulo muy extenso. Sería como contar la historia de Los Del Paso, que en parte ha ido apareciendo en varias pinceladas. Como uno puede intuir, la historia de La Teresa está unida a la de Los Del Paso, no se puede separar, así que contar sus aventuras y desventuras sería contar prácticamente toda la andadura del grupo. Entrar en detalle, entonces, sería más adecuado para una historia acerca de nuestro grupo, con lo que me limitaré a resumiros sus años de actividad dentro del grupo.

Tras aquellos primeros meses de incertidumbre (ver capítulo 4), Teresa comenzó a militar habitualmente en las filas del grupo. Digo habitualmente porque a menudo tenía que echar mano a otra guitarra durante los conciertos ya que siempre rompía alguna cuerda y solía acabar los conciertos con otra prestada generosamente por alguno de los amigos guitarristas de otros grupos. Especialmente recuerdo las guitarras de Paco Urbano, Raúl, Jesús o Juan Antonio (La Corte). En otras ocasiones eran las del grupo de turno al que acompañábamos en algunos conciertos. Siempre existió un gran debate dentro del grupo: ¿era yo quién rompía las cuerdas por mi forma de tocar o era Teresa quien tenía ese punto débil? Hay opiniones para todo. He llegado a romper cuerdas en la primera canción del concierto, justo en el primer acorde, he llegado a parar la canción por haber roto una cuerda, alguien me ha dado otra guitarra y he roto en la misma canción la misma cuerda, he llegado a romper dos cuerdas a la vez, etc, etc, etc. Todo apunta a que era yo el causante con un poquito de colaboración de Teresa.

Teresa me acompañó en todos los conciertos de los primeros años de Los Del Paso. Pateamos prácticamente todos los garitos de la región de Murcia de aquella época. Recuerdo especialmente ahora Mula, Jumilla, Molina, Moratalla, Murcia, Mazarrón, Lorquí, Ceutí y por supuesto nuestros garitos talismán, y que considerábamos como nuestras sedes oficiales: el Kiang de Fermín y el Urbano de Paco, en Las Torres de Cotillas y El Casinillo de Ovidio en Alguazas. También en Alguazas, o mejor dicho, en La República Federal del Barrio del Carmen nuestro lugar de culto era el Pipol, conciertos siempre organizados aquí por nuestro manager de zona en esa bonita población, Mr Chepi. También, como algunos sabéis tocamos fuera de la región, en Alicante, Valencia y el más celebre de todos, y en dos ocasiones, en Madrid.

Teresa estuvo en aquella semifinal y final del certamen nacional que organizó la desaparecida Sala Komité de Madrid. Por si hay algún interesado en saber qué fue de aquella sala os he de decir que, en un viaje que hice recientemente a Madrid, descubrí que la sala desapareció hace ya algunos años, me dijeron. Me propuse, a modo de experiencia revival, visitar la zona donde estaba la sala y… sorpresa, qué creéis que había en su lugar: una sala de striptease!!! Cuando llegue a la calle intenté buscar el local que ocupaba la sala, apenas tenía un vago recuerdo aunque sabía en que acera estaba. Pregunté a un camarero de uno de los bares cercanos y me indicó el lugar exacto. Allí delante de aquella puerta flanqueada por dos gorilas con pinganillo bajo un luminoso de neón color rosa debí parecer un treintañero con ganas de acción. Me acompañaba Raquel, con lo que la cosa quedaría al menos ambigua. En realidad tenía el estómago encogido por una maraña de recuerdos que en apenas unos segundos salieron de su cautiverio neuronal para dejarme hecho un flan. “Aquí estaba, Raquel”, dije dando un ahogado suspiro. Cuando los gorilas ya empezaban a mirar de más decidimos emprender nuestro paseo por aquellas calles del recuerdo (muy cerca estaba el Agapo, El Templo del Gato, donde un jovencísimo Josele, Enemigo, nos había servido unas cervezas hacía ya más de 15 años!!) Según avanzaba en nuestro paseo mi nostalgia fue transformándose en alegría golfa y pensé: “¡Al menos no han puesto una inmobiliaria o algo así… qué cojones, un striptease, si señor,… nos pega… a lo Dr Feelgood, o los primeros Enemigos,…SEXO, droga y rock’n’roll!...¡Qué bueno, un striptease… si es que somos la hostia… ya verás cuando se lo cuente a Pascual…!”

Y así, con la sonrisa puesta y feliz, bajaba yo por la Gran Vía acompañado por Raquel al tiempo que la noche se dejaba caer en Madrid. Atrás quedaban los restos de lo que fue la Sala Komité, proyectada en mi memoria como una sombra que se resistía a desaparecer. Abriéndose un hueco entre cientos de ruidos de claxón y motor sonaba una canción. Things are gonna go better. Solo una vez más y lo dejamos. Recordad los cortes antes del solo. Por favor, una cerveza, estoy seco. Vamos, vamos, vamos… ¿Pero dónde coño se ha metido éste ahora? Ha venido toda esta gente del pueblo, no me lo puedo creer, ya bajan por ahí. Son cojonudos. Otra cerveza, por favor. A mi otra. Vamos, vamos, vamos… Joder, cuánta gente… Afinando. Una cerveza, por favor. A mi otra. Y a mí. Yo también, por favor. Yo llevo mi petaca. Bueno, ahí vamos, venga. Con un par de cojones. Un…dos …tres…sí...

Un striptease…cuando lo cuente se mueren de gusto. Miles de luces tomaron la ciudad en un solo instante mientras la boca del metro nos iba tragando. Un tunel del tiempo que me regresaba a mi ordenado y aséptico presente. Una última mirada atrás. Nada sino los destellos amarillos de las farolas que ocultaban un presunto cielo negro sobre Madrid. Un striptease…

Para aquellos entusiastas y aventureros amigos que nos acompañaron
en nuestra aventura madrileña, sorteando los 400 kms de la N-301
a golpe de volante, carajillos y buen rock and roll.
Siempre en el corazón.

Los Del Paso en La Puerta del Sol, Madrid, año 1990. Recien llegados a Madrid para el concierto de la semifinal en la Sala Komité. De izqda. a dcha y empezando por fila superior: Pascual, Jose Antonio (Serafín) y Yunti (road manager... si yo os contara, eso si fue un viaje iniciático) Fila inferior: Johnny, Aurelio y Juan.


P.D: Para aquellos que deseen hacer el viaje iniciático a Los Del Paso Dreamworld, y si os encontráis por Madrid alguna vez sin saber qué hacer, la Sala Komité se encontraba en la Calle Silva. Es una calle que parte de la Plaza Santo Domingo y luego cruza la Gran Vía. Partiendo de la Plaza Santo Domingo por la calle Silva y antes de cruzar la Gran Vía, la sala se encontraba en la acera derecha. Buscad una sala de striptease, de cuyo nombre no logro acordarme. Allí era. Entrad, tomaos un par de tapones de whiskey o unas cervezas, y mirad a las chicas. Yo no pude hacerlo. Salud.

jueves, 10 de julio de 2008

La Teresa. Capítulo 4. De su exilio y el gesto de un amigo. De mi tristeza y obstinación. Del silencio.

No todo el mundo en mi casa tuvo la misma reacción ante la llegada de Teresa. Hubo curiosidad positiva por parte de mi hermana: “¿Y es eléctrica, nene,… pero dónde se enchufa? Qué guay, no?”. Total desconocimiento mezclado con interés y pesimismo por parte de mi madre: “Pues no tienes una ya (la española)… pero, a ver, eso para qué sirve? Si no se oye, con lo hermosa que es la otra, no sé para qué quieres esta. Veremos a ver tu padre lo que dice…” Y silencio, mucho silencio, amenazador y lleno de incertidumbre por parte de mi padre, hasta que pasados unos pocos días, aquel silencio se rompió en mil pedazos en forma de contundente sentencia, mientras yo escuchaba acurrucado bajo las sábanas de mi cama. “O se va la guitarra, o me voy yo” (Olé, papá! Qué bonitas palabras de apoyo a una esperanzadora carrera musical). Lo cuento con mucho cariño, pues mi padre se arrepintió hace ya años de aquella actitud tan irracional que tuvo, que hoy hasta puedo comprender. El miedo a lo desconocido nos hace ser más protectores y conservadores. Y así fue, era una madrugada de verano cuando mi padre salió de su dormitorio al pasillo, y con voz desafiante y a un volumen considerable, teniendo en cuenta las horas que eran, y supongo que para que yo lo oyera, dejó caer aquella célebre frase que no hizo sino hundirme un poco más en aquel colchón sobre el que simulaba dormir. Fue el inicio, entonces, de una pequeña discusión donde mi madre se esforzaba por mediar. Todos salimos al pasillo: “No seas exagerado, hombre, pero qué va a pasar?” “Nada, que si esa guitarra está todavía mañana aquí, yo me voy…” “Por Dios, papá…” “Ay, Dios mÍo…” “¿Qué pasa, mamá, tengo sueño… por qué gritáis?” “Tú a la cama…” “¿Pero qué hay de malo en que tenga una guitarra eléctrica…?” “Ni me la nombres…” “Daniel, por favor…” “Buaaaaa..!” … “Vale, vale, no os preocupéis, mañana no estará aquí la guitarra,… ya encontraré yo un sitio… pero que sepas que no por eso voy a dejar de tocarla”

Como digo, esto lo cuento sabiendo que ya no es más que una divertida anécdota en mi entorno familiar. Pero entonces la cosa se puso bastante mal, como podéis imaginar. Mi padre con el paso de los años se hizo mucho más accesible y comprensivo, y hoy en día no entiende que pudiera reaccionar así. El caso es que al día siguiente tuve que buscarle a Teresa un hogar, muy a mi pesar, porque yo estaba como un niño con sus regalos de reyes, quería disfrutarla a todas horas. Tenía que ser un sitio seguro, de confianza y no lejos de mi casa, para que me pudiera escapar con facilidad cuando quisiera echarle un vistazo. Andaba yo con esas tribulaciones, cuando se me ocurrió que el sitio ideal sería la casa de José Antonio Campoy, a tan solo dos casas de la mía. Hablé con él, que por entonces y durante mucho tiempo fuimos grandes confidentes y amigos, y al momento mostró comprensión y solidaridad. Me ofreció su casa como lugar de asilo político de Teresa, y no solo eso, sino que me brindó toda la confianza de su familia. Recuerdo a Rosita, su madre, animándome a que fuera a su casa cada vez que lo necesitara; e incluso en algunas ocasiones en la que tuve ensayo o concierto y no había nadie en su casa me dejaba la llave para que fuera a cogerla. Todo era un secreto a voces. Mi madre lo sabía. Rosita sabía que mi madre lo sabía. Mi madre sabía que Rosita lo sabía. E incluso mi padre lo sabía. Pero todos actuábamos como si todo aquello circulara como un confidencial secreto. Aunque ya en su día lo hice, no me queda más que agradecer a Campoy y a toda tu familia por actuar así en aquellos momentos. Soy consciente de que los días de vino y rosas ente nosotros acabaron hace tiempo, pero no me gusta olvidar lo que hace grande a las personas y siempre estaré agradecido por aquello, y para todo lo malo, que lo hubo, me auxilia el tiempo y este viento del desierto, que nos vuelve a todos locos pero que, en mi caso, erosiona y borra las huellas dejadas por la decepción.

Y así, triste y decepcionado, pero conservando la esperanza y las ganas de correr mil aventuras con Teresa, me quedé aquellos días. Eran tantas las ganas que tenía de comenzar a rodar con ella y Los Del Paso que aquel varapalo, lejos de dejarme fuera de juego, me hizo mucho más fuerte y obstinado. Me dejó algo tocado, pues hubiera deseado un apoyo incondicional por parte de todos los de mi familia, pero creo que fue justo la señal o la prueba que necesitaba. Y descubrí que no era ningún farol, que mi juego iba en serio. Lo aposté todo mostrando un convencimiento extremo, y una madurez inusual para mi edad, así que quité todos los tintes dramáticos a la situación, le quité hierro al asunto, me levanté, y busque otra vez, pero con más fuerzas, el camino que me había trazado. No había problemas, solo veía soluciones. Ojala hubiese conservado esa actitud en algunas otras facetas de mi vida.

Los días fueron pasando. Llegaron los primeros ensayos con Teresa. Al principio me resultaba algo incomodo tener que ir a una casa ajena a recogerla para luego ir a ensayar. Pero, como digo, la actitud de aquellas personas lo hizo todo más fácil. Y al final se convirtió en una rutina, era como si fuese mi propia casa. Lo peor siempre era tener que dejarla. Pasó el tiempo y las cosas se fueron normalizando en mi casa. Mi padre veía como compaginaba con éxito música ,estudios y resacas (¡Ése era el gran dilema y problema para él!) y a Teresa se le concedió en principio una libertad condicional y pudo pasar algunos días esporádicos en mi casa, otros los pasaba en la casa de Campoy o ya en el mismo local de ensayo, hasta que al final se convirtió en una más de la familia Martínez-Martínez. No hubo que llegar a un acuerdo para que así ocurriera, las cosas sucedieron por costumbre, un día llegas y la tienes una noche, otro día la dejas dos … (y, coño, mi padre no dice ná!!!) hasta que ya nadie se extraña al verla entrar y salir frecuentemente. Puede que fuera finalmente consciente de que Teresa ya no era un alienígena en mi casa alguna de aquellas tardes de verano que salía de mi casa con uniforme de rockero y guitarra en mano, destino de algún concierto. Todos, familia y vecinos, solían estar sentados en la puerta, en la calle, y yo salía de casa con la intención de hacer rápida la transición hasta el coche y largarme. Pero ahora todo el mundo me preguntaba ¿dónde es hoy el concierto?, ¿pero os pagan?... o te deseaban y aconsejaban todo lo mejor, suerte, y tened cuidado. Yo procuraba ir despachando rápido las preguntas por evitar el posible mal trago de algunos, pero en mi interior sonaban tambores de alegría. Me daba seguridad y confianza - algunas veces esos pequeños detalles, un gesto, una palmadita, un ¡ánimo! o ¡suerte! por parte de los tuyos te ayudan muchísimo.

Por supuesto, también en esos días de gloria había también silencio. Siempre lo hubo hasta hace unos años. Pero no dolía. Tampoco curaba. Hermoso silencio inocuo.